Caída la dinastía Han en el año 220, el Imperio quedó sumido en la anarquía, y más tarde, a partir de fines del siglo IV, China estuvo por espacio de doscientos años escindida en dos, y el Norte quedó dominado por linajes extranjeros (los Wei y a partir del siglo VI los Tsi, en un período durante el cual en Chen-si dominaron los Cheu).
Éste fue un período intermedio, que tuvo profundas consecuencias para el futuro de este enorme país que es China. La aristocracia y las antiguas tradiciones culturales se habían refugiado en el Sur, donde el taoísmo (con su inclinación al individualismo místico) tendía a remplazar la moral confuciana.